* Magreb y Europa, unidos musicalmente a lo largo de la historia   Leave a comment

Las relaciones e influencias musicales entre los países del Mediterráneo es algo incuestionable. Si nos ceñimos a nuestro entorno cultural más cercano es habitual encontrar la publicación de trabajos de fusión entre flamenco y música árabe; y que se hable de la música andalusí como un patrimonio cultural propio español cuando este es el nombre que denomina también la música tradicional del Magreb. Los nexos de unión parecen claros y el origen de ellos radica fundamentalmente en la presencia de la cultura árabe en la Península Ibérica durante ochos siglos en la Edad Media.

Los instrumentos de cuerda que se venden en las medinas de las ciudades marroquíes recuerdan a aquellos que se introdujeron en la Península Ibérica en la Edad Media. Fotografía: Isabel Duque.Dirán algunos que de la permanencia árabe en la Península hace ya cientos de años, y es cierto, pero si profundizamos un poco nos daremos cuenta de que los vínculos musicales han perdurado de manera férrea hasta ahora; y no sólo en la música española, sino que la influencia ha calado de manera clara y permanente en lo que conocemos como la música clásica occidental.

En la sociedad que encontraron los árabes cuando llegaron a la Península en el siglo VIII los instrumentos musicales estaban prohibidos por la Iglesia cristiana, que los consideraba pecaminosos por lo lascivo de sus formas y porque incitaban al movimiento del cuerpo. De hecho, la música profana no comienza a ponerse por escrito hasta la Baja Edad Media.

Laúd, rabel y otros instrumentos

Los invasores introducirán en la sociedad civil, entre otros, dos instrumentos cruciales para el desarrollo musical español y europeo; el laúd (ud, palo flexible), de cinco cuerdas dobles, y el rabel, una viola de dos cuerdas a distancia de quinta que con el paso de los años, en el Barroco, desembocaría en la familia del violín tal y como hoy la conocemos. Es decir, que nuestros occidentales violín, viola, chelo y contrabajo, base de toda la música culta europea occidental a partir del siglo XVII, proceden de un instrumento árabe de sólo dos cuerdas (una melódica y otra con función de bordón) que fue adoptado por los juglares junto con otros instrumentos para interpretar la música trovadoresca. Respecto al laúd, es difícil disociar su imagen a la de cualquier cortesano europeo del Renacimiento y del Barroco, y, por otra parte, su relación con el desarrollo posterior de la vihuela y de la guitarra española parece incuestionable.

Existen otros instrumentos de origen árabe muy presentes en nuestra música. De las chirimías orientales (instrumentos de viento con doble lengüeta) nacería en España la dulzaina, instrumento tradicional muy usado en la música folclórica castellana. A la evolución de las chirimías debemos también el oboe, indispensable en la plantilla de cualquier orquesta sinfónica actual.

Atestiguan el uso del laúd y del rabel las descripciones que de ellos se hacen en El Libro del Buen Amor (Arcipreste de Hita), la iconografía presente en los arcos de las iglesias románicas que salpican toca la geografía peninsular y las ilustraciones en miniatura que decoran los cuatro códices que albergan las Cantigas de Santa María (Alfonso X El Sabio). Precisamente ese rey, consciente de todo lo que podían aportar culturalmente los árabes, creó la escuela de traductores de Toledo. Gracias a esas y a otras traducciones Europa conoció, por ejemplo, el sistema musical modal griego.

Isabel Duque.

Música andalusí

La influencia no queda, sin embargo, en una mera asunción de instrumentos musicales. Las formas musicales profanas que se desarrollan en Al-Andalus, las que conforman lo que conocemos como música andalusí, tienen una notable influencia en la cultura posterior. Destacamos la nuwashaha (bordar), una música propia de la vida cortesana y refinada de los palacios árabes de los Omeya cuya estructura, de poema con refrán, acababa con una última estrofa de salida llamada jarcha, escrita en lengua mozárabe pero con grafía árabe; y que para muchos filólogos supone el arranque de la lírica castellana y gallega.

De influencia en sentido contrario podemos señalar la nuba (turno de espera), una música nacida en Al-Andalus que hoy día pervive en el Magreb (Marruecos, Túnez y Argelia). Consiste en la improvisación vocal sobre versos árabes clásicos acompañada de instrumentos de percusión, que tocan sobre unas fórmulas rítmicas llamadas wasu.

Es fácil deducir después de lo relatado que la música profana culta en el sur de Europa, la trovadoresca, recibe un notable impulso de la cultura árabe. El geocentrismo imperante en Europa centralizaba todo el saber en los monasterios, y en ese ámbito la música sólo podía tener un fin espiritual, era un mero acompañante de la voz, del rezo. Aunque en los últimos siglos de la Edad Media se desarrollará enormemente la polifonía vocal, esta nunca dejaría espacio para el uso y avance de instrumentos musicales, o para la utilización de la música como una forma de expresión humana, una fuente de disfrute y de comunicación.

Aunque lo relatado hasta ahora se produce entre los siglos VIII y XV, resulta patente que el vínculo musical ha llegado hasta nuestros días; y que son más los nexos de unión que lo que nos separa de una cultura muy cercana geográficamente (y de la que parece que estamos mentalmente más distanciados).

El flamenco

Queda otro gran foco de unión que escapa del ámbito medieval. Nuestro país exporta el flamenco como su expresión artístico-musical por excelencia. Ligado al mundo gitano, no está el flamenco unido tanto a esa raza como a un lugar geográfico, Andalucía (la población gitana de otras partes del mundo no canta ni baila flamenco). Algunas teorías intentan relacionar directamente este estilo musical con el mundo árabe buscando tanto un nexo común en la etimología del término como explicando que fue Ziryab, un músico persa del siglo VIII que vino a trabajar para la corte Omeya en Córdoba de Abderrahman II, el que introdujo esta forma de cantar.

Ninguna de las dos teorías se sostiene puesto que el pueblo gitano no llegó a España hasta el siglo XV. No sólo eso, sino que el término flamenco no aparece por escrito hasta el XIX y, paradójicamente, en un libro escrito por un inglés. Además, parece que el género musical como tal surgió en el XVIII, cuando los gitanos que había en la Península Ibérica decidieron asentarse en la zona de Andalucía gracias a las buenas condiciones que les ofrecía el entonces rey de España Carlos III. La propia cultura gitana, mezclada con el sustrato cultural y musical que encontraron en esa zona del país, propiciaría la creación del género; y es ahí donde podemos encontrar los nexos de unión con la música y la cultura árabes.

Pero, ¿cuáles son dichos nexos, cuando parece que no se dieron coincidencias ni en el espacio ni en el tiempo? En primer lugar, y es algo que puede apreciarse a simple vista, las dos músicas poseen un concepto de belleza y de elegancia relacionado directamente con lo sinuoso, con lo indirecto. Adentrándonos en lo puramente formal, ambos estilos hacen uso de una estructura rítmica ordenada y simétrica, aunque no lo parezca desde fuera, y usan de manera profusa el microtonalismo (intervalos sonoros inferiores al medio tono, algo inexistente en el sistema tonal equitemperado occidental). En segundo lugar, en cuanto al baile, la importancia del movimiento de brazos y manos independientes del resto del cuerpo nos remite directamente tanto a los bailes del Magreb como de la India.

A parte de todo lo dicho, lo que demuestra un origen común es la cantidad de iniciativas musicales que en los últimos años intentan aunar dichos estilos. Podemos destacar, por ejemplo, la colaboración entre el percusionista egipcio Hossam Ramzy y el guitarrista flamenco de origen alemán Rafa El Tachuela, con el trabajo Flamenco árabe en el año 2003; o el que bajo el título Puertas abiertas realizaron conjuntamente el cantaor Juan Peña El Lebrijano y el violinista marroquí Faical Kourrich en 2005.

 

 

Musica magrebí_Omar Metioui - La Fuente del Amor Secreto (2002)

Isabel Duque forma parte del Consejo de Redacción de la Revista Pueblos


Revista Pueblos

Publicado 2 febrero, 2012 por Anna en Música

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