* EL VERDADERO COLOR DE NUESTRAS RAÍCES   Leave a comment


El verdadero color de nuestras raices

  

        


Lo que sea que nos evoque el Día de la Raza, es un buen momento para mirarnos al espejo. Pese a nuestra diversidad étnica, nuestros prejuicios filoeuropeos nos acomplejan. La tintura del pelo que venden los laboratorios son el indicador más claro: los chilenos nos preferimos rubios.
Parece que a los chilenos nos cuesta aceptar nuestras raíces, comenzando por las del cabello, cuyo color oscuro intentamos ocultar. Cuando nos preguntan qué tan discriminadores somos, evitamos el conflicto para no ser considerados “políticamente incorrectos”. Secretamente querríamos parecernos a los europeos. Aunque nos sentimos orgullosos de las hazañas de nuestros ancestros indígenas, miramos a Europa y Estados Unidos para sacar “moldes”, sobre todo estéticos, que sirvan para encasillarnos. Pregunte en las tiendas de cosméticos o en peluquerías: el 90% de la tintura para el pelo que venden o aplican, está en la gama de los rubios.
¿Qué significa ser chilenos? ¿Cuál es la esencia de nuestra identidad? La respuesta no es la misma para todos. Un trauma de origen nos persigue: el mestizaje. En años recientes, la reflexión sobre lo que nos caracteriza ha estado marcada por una voluntad de insertarnos como una nación distinguible en un mundo globalizado. Según los historiadores, ya no es posible hablar de identidad estática. Como el proceso de construcción de identidad es permanente, ésta puede mutar mediante la combinación de nuestros genes y la influencia del entorno.
Nuestra sociedad ha experimentado grandes cambios en poco tiempo. Tomás Moulian describe el advenimiento del ciudadano credi-card que encuentra en el consumo la fuente de su autoestima, y aquello que da sentido a su vida. Eugenio Tironi, en su libro “El sueño chileno”, publicado en 2005, destaca que, a medida que ha desaparecido el Estado como fuerza que cohesiona nuestra identidad, ésta se ha diluido. Según Tironi, debiera ser compensada con un gran mito o relato identitario similar al “sueño americano”, que sirve de aglutinador social potente en Estados Unidos. El sociólogo sostiene que haría falta reinventar nuestra identidad chilena junto con un proyecto básico común y afirma que uno de los mayores obstáculos que tiene el país para alcanzar el desarrollo es nuestro debilitado orgullo nacional.
Para generar o “reinventar” una identidad nacional hace falta mirarnos cómo realmente somos y aceptarnos. ¿Qué tan cerca o lejos estamos de eso? El Centro de Estudios de Opinión Ciudadana (CEOC) de la Universidad de Talca indagó en ello a partir de nuestro origen mestizo y nuestra apariencia.
Prejuicio y discriminación
Según el estudio de opinión “Prejuicio y discriminación racial en Chile”, realizado por el CEOC, seguimos siendo una sociedad extremadamente segmentada, donde el grueso de los chilenos que somos mestizos no asumimos cabalmente nuestro ADN (vea estudio completo aquí http://www.ceoc.cl)
La población chilena está constituida, en su mayoría, por personas de sangre mestiza. Hay un biotipo asociado a la muchedumbre que se puede definir como moreno, de estatura baja, pelo oscuro. Por otro lado, el biotipo asociado a la “clase más acomodada” es blanco, de mayor estatura, rasgos y colorido nórdico, donde el prejuicio racial y clasismo se entremezclan creando clases definidas. Al respecto, el 42,1% de los entrevistados del estudio considera que el pelo rubio es “más distinguido” que el pelo oscuro, el 46,7% piensa que las personas con ojos claros son más atractivas que las de ojos oscuros y el 31,8% estima que las personas de pelo rubio son más bonitas.
¿Renegamos de nuestra vertiente indígena? Aparentemente no. Sin embargo, las opiniones prejuiciadas y el no asumir el origen mestizo son algunas manifestaciones que evidencian algún trato distinto.
La imagen construida del pueblo mapuche a través de la historia ha sido la de un pueblo guerrero y noble, pero dichas características no han sido traspasadas a sus descendientes, quienes no gozan de gran participación pública y no ostentan puestos de trabajos prominentes. El hecho de que los mapuches que han llegado a las ciudades trabajen en determinadas áreas laborales no parece casual. ¿Por qué casi no hay funcionarios de atención de público, promotoras o animadores de televisión con rasgos mapuches? El empleador en Chile busca personas de aspecto europeo, quienes calzan en su prejuicio de “buena presencia”. La primera selección comienza con el currículo con foto reciente y el rostro como evidencia. Luego, los datos personales o escrutinio social del postulante. Esto se ve claramente reflejado en el estudio, en la pregunta: ¿cree que tener apellido mapuche puede perjudicar en la búsqueda de empleo o ascenso en la empresa? El 70,7% responde que sí.
La visión estereotipada subyace tras frases como “morenito, pero simpático”, “la mapuchita” y al calificar como “indios” a las personas obstinadas. Aún sin que haya mala intención consciente, revela prejuicio. Raramente reconocemos -y menos celebramos- el origen mestizo del chileno y normalmente el mestizo es el otro, y que el otro lo sea, significa que hay una gran distancia, una distancia de origen de la que no hay retorno. //LND
Curiosidades históricas
Somos un pueblo esencialmente mestizo. En el último censo de 2002, sólo el 4,6% del total de los habitantes de Chile, unas 700 mil personas, se consideró perteneciente a alguna etnia originaria. De ese total, un 87,31% se definió mapuche.
El Decreto con Fuerza de Ley Nº 69 que crea el Departamento de Inmigración (durante el segundo gobierno de Carlos Ibáñez en 1953) y cuyo objetivo era promover la inmigración europea, la justifica afirmando que “una inmigración seleccionada producirá el aumento de la población” y que la inmigración con elementos de selección “contribuirá a perfeccionar las condiciones biológicas de la raza”.

ADN.- Según el estudio de opinión “Prejuicio y discriminación racial en Chile”, realizado por el CEOC, seguimos siendo una sociedad extremadamente segmentada, donde el grueso de los chilenos que somos mestizos no asumimos cabalmente nuestro ADN.

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Publicado 11 octubre, 2009 por Anna en POLÍTICA CONTINGENTE

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