* CENTENARIO DE LA MATANZA EN LA ESCUELA STA. MARÍA / IQUIQUE   1 comment

Cantata Completa «Santa Maria de Iquique» – Quilapayún

Parten las conmemoraciones para el centenario de la matanza en la Escuela Santa María de Iquique

 

 

En la literatura, el teatro, la música y el cine.


Los artistas e intelectuales de nuestro pueblo – tocados y conmovidos por el horror – han plasmado su creación en  diversos planos del Arte, todas inspiradas en una historia digna de la más ferviente película épica o de una gran novela

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Ese fue el caso de “Santa María de las flores negras” del prestigioso escritor pampino Hernán Rivera Letelier.
Allí destacala  gran recopilación de datos de la época, los que fueron novelados en la obra lanzada en septiembre del 2002, y cuyo título hace alusión a un poema anónimo.
A este libro se suma además la brillante novela histórica de Volodia Teitelboim “Hijos del Salitre”.
En estas experiencias se basó también el montaje “1907, el año de la flor negra”  de la compañía La Patogallina –  que el 2005 sacó aplausos –  usando elementos del cine y el circo teatro.
Además hay varios documentales y tres proyectos de largometraje, el filme basado en la novela de Rivera Letelier a cargo de Marcelo Ferrari; “Atentado” de Cristóbal del Río y “Santa María de Iquique” de Gregory Cohen basada en la cantata. Todas en proceso y con presupuestos millonarios.

   El suceso histórico

Por décadas la matanza del 21 de diciembre de 1907 no formó parte de los cursos de Historia en los colegios.

Pero la magnitud del evento y las expresiones culturales hicieron que cobrara nueva vigencia y hoy se sabe más.

El inicio del conflicto se debió al malestar de cargadores y lancheros de varias empresas salitreras cuyo salario era miserable y se veía afectado por el sistema de cambio consistente en fichas. – jamás en dinero –  las que solo podían canjear por provisiones en los almacenes (pulperías) pertenecientes a los mismos dueños de las salitreras.

Se fueron a huelga y sumaron a trabajadores de otras salitreras, pero la compañía se negó a sus demandas; mientras el gobierno no cumplía su rol conciliador. En tanto seis obreros que querían enviar a sus familias al sur fueron asesinados el 20 de diciembre en la oficina Buenaventura.

A la mañana siguiente obreros molestos de todo el norte se concentraron en la Plaza Manuel Montt y en la Escuela Santa María en Iquique. Se sumaban peruanos, bolivianos y algunos trabajadores del sur, aunque el ejército tomó medidas para evitar que estos llegaran.

Se estima que allí había entre 8 y 10 mil personas, incluyendo mujeres y niños, mientras se movilizaban distintas tropas de regimientos de la zona.

A los furibundos huelguistas se les ordenó trasladarse al Club Hípico, pero se negaron ante el miedo de ser bombardeados por los barcos que estaban en la bahía.

Ante la negativa de los dirigentes y la tensión del momento, las tropas dispararon.

Se cree que la cifra de muertos fue entre y 2500 y 3000.

  •   
    Cantata Santa María de Iquique

   La “Cantata Santa María de Iquique” fue compuesta por Luis Advis a fines de 1969. El texto se basa en el libro “Reseña Histórica de Tarapacá, del cual extrajo la mayoría de los datos históricos. Musicalmente, la obra sigue la estructura de las antiguas cantatas populares, pero sustituye el motivo religioso tradicional por un tema social. Es música de tradición europea que incluye elementos de raíz americana.

A principios de 1970 el director musical de Quilapayún, Eduardo Carrasco le pidió a Luis Advis que arreglara algunas canciones de la cantante griega Danae. Ese mismo día, Advis le enseñó parte del material en que estaba trabajando: una cantata inspirada en la masacre de los obreros del salitre en 1907. Al poco tiempo Quilapayún montó la “Cantata Santa María de Iquique” y la estrenó oficialmente en julio de 1970 en el Segundo Festival de la Nueva Canción Chilena. Un par de meses después del estreno, Quilapayún y Héctor Duvauchelle entraron a los ex estudios de la RCA para grabarla. Los integrantes del registro fueron: en Quilapayún: Eduardo Carrasco, Carlos Quezada, Willy Oddó, Patricio Castillo, Hernán Gómez, Rodolfo Parada; y como relator: Héctor Duvauchelle.

Si bien, el compositor no se declara perteneciente a ningún partido político, la cantata logra un revuelo social como pocas obras. Esto, además de ser la obra cumbre del movimiento de la Nueva Canción Chilena.

Luego del Golpe Militar las cintas masters de la “Cantata Santa María de Iquique” fueron destruidas. Sin embargo, el conjunto en su exilio siguió presentándola. En 1978, Quilapayún vuelve a grabar esta pieza en Europa pero para gran disgusto de Advis, encargaron al escritor argentino Julio Cortázar la remodelación de parte del texto original e hicieron pequeños arreglos instrumentales. Aunque esta nueva versión fue grabada dos veces, el grupo siguió interpretándola después como fue creada originalmente por su autor.

Su valor radica en el modo como en élla se ha logrado sintetizar, la inspiración y el talento del autor, con los sentimientos y valores de la época en que fue escrita. Ella fue compuesta entre el mes de noviembre de 1969 y marzo de 1970 para ser interpretada por el conjunto Quilapayún.

Para llevar a cabo esta composición, el autor tuvo como base algunos trozos de obras anteriores, escritas como música para teatro (obras de Jaime Silva y de Isidora Aguirre), así como un conjunto de poemas escritos a comienzos de 1968, como resultado de un largo viaje por Iquique (norte de Chile) y sus alrededores. El capítulo especial dedicado a la matanza de la Escuela de Santa María del libro regional titulado "Reseña histórica de Tarapacá", de Carlos Alfaro Calderón y Miguel Bustos publicado en Iquique el año 1935, sirvió como única ayuda informativa para la confección del texto. El tema recuerda la matanza de mineros que tuvo lugar en 1907, en la Escuela Santa María de Iquique, hecho que a pesar de ser ignorado por la historia oficial, quedó grabado en la memoria de las gentes del norte.

 

  • “Santa María de las flores negras” Hernán Rivera Letelier

“Soy un poeta que escribe novelas”

Con motivo de la aparición de su última novela “Santa María de las flores negras” (Grupo Editorial Planeta) que describe los acontecimientos relativos a la matanza de la Escuela Santa María de Iquique, conversamos con el escritor Hernán Rivera Letelier. Nacido en Talca, pero afincado desde pequeño en el norte, Rivera Letelier es autor además de las novelas “La reina Isabel cantaba rancheras”; “Himno del ángel parado en una pata”; “Fatamorgana de amor con banda de música” y “Los trenes se van al purgatorio”. Ha sido distinguido con importantes premios y traducido a varios idiomas.

Usted siempre mantiene una línea social en sus novelas, pero en esta última se percibe mayor intensidad. ¿Cómo nace este libro sobre la matanza de la Escuela Santa María de Iquique?

“Sí, me salí un poco de mi línea, porque aunque siendo una novela de la pampa, del salitre, aquí me centré directamente en un hecho histórico que la historia no quería recordar. Pienso que es mi novela más importante hasta ahora”.

El tema de la identidad y la memoria, en este libro, está mucho más marcado que en los anteriores. A pesar de que también antes había rescatado el mundo del minero del salitre. ¿Por qué tomó esta temática?

“Aunque lo que voy a decir parezca un lugar común, yo no busqué la temática, no busqué el tema. Es la temática la que te busca. Habiéndome criado en el norte, en la pampa, habiendo estudiado en el desierto, habiéndome enamorado por primera vez en el desierto, habiéndome casado y enterrado mi primer hijo en el desierto y haber trabajado toda la vida allí, no podía ser otro el tema. Y de ahí lo que trato de hacer es rescatar la historia del salitre, muy importante para mi país, tan importante como que el salitre fue el sueldo de Chile durante mucho tiempo. Muchas fortunas de magnates, muchos palacios incluso en la capital y Viña del Mar y otros lugares, fueron producto de fortunas que se hicieron en el norte con el esfuerzo de esos viejos salitreros, con sangre, sudor y lágrimas en las calicheras. Todo fue para quienes los explotaban”. El norte tiene una historia muy profunda, porque si bien significó mucho para el desarrollo del país, por otro lado está la situación casi de esclavitud de los obreros. Hubo guerras y luchas muy fuertes. “Muy fuertes, yo digo que el norte, el desierto de Atacama, especialmente la pampa del salitre, de Taltal a Iquique, en esa extensión de desierto de casi mil kilómetros, fue la cuna de las más fuertes reivindicaciones laborales, también del socialismo, allí nació el Partido Comunista. Para el trabajador chileno, la pampa es importantísima como parte de la historia”. ¿Qué pasa con el concepto pampa o pampino? ¿Es, como dice el investigador Sergio González, una categoría cultural que identificaba al trabajador organizado socialmente? “Claro, la pampa es un sector de ese desierto inmenso; es donde hay caliche, donde hay salitre. Ser pampino es ser distinto al chileno común, es ser un tipo solidario, muy leal, muy nostálgico. Quizá muy áspero por fuera, pero por dentro de mucha riqueza. En verdad hay que conocerlo para darse cuenta de su dimensión. Es como la piedra: por fuera dura y tosca, su riqueza va por dentro”. Pasando a la novela, llama la atención el comienzo en el sentido de que a Olegario Santana, personaje central, lo rondan dos jotes a la manera de mascotas. ¿Cuál es el significado de éstos, su simbolismo? “Esto no nació con la intención de que fuera un simbolismo, la primera imagen que tuve de esta novela fue ese pampino, Olegario Santana, con dos jotes amaestrados, que son mencionados en varias partes del relato. ¿Por qué no fueron dos gatos o dos perros o dos conejos, no sé? Al avanzar la novela, mientras se cargaba de contenido, me di cuenta que en verdad los jotes encerraban un simbolismo muy grande. Era símbolo de los explotadores. Cuando se va a producir la matanza alguien mira al cielo y ve jotes rondando, planeando sobre la muchedumbre, rondando la muerte”. En el proceso de investigación que llevó a cabo, ¿qué cosas nuevas descubrió que le hayan impresionado? “Aparecieron varias cosas, detalles muy cabrones que me surtían un efecto grande de impotencia. Por ejemplo, descubrí que los militares estrenaron sus ametralladoras contra esos obreros, contra chilenos, contra hombres, mujeres y niños, sin misericordia. Eso es algo escabroso”. ¿Qué opinión le merece que el ejército se haya prestado para esa masacre? “Siempre lo ha hecho, se prestó en esa oportunidad y se ha prestado siempre. Si revisas la historia te darás cuenta de algo espeluznante. Desde 1879 en adelante, las glorias del ejército, todas sus victorias, han sido contra su propio pueblo. Todos los triunfos desde aquel año fueron contra chilenos”. El capítulo más impactante del libro es justamente la matanza. También impresiona la cantidad de personas asesinadas. “Bueno, si bien no se puede dar una cifra exacta se manejan cifras, más de dos mil hasta tres mil. Los que cayeron muertos en la escuela fueron cerca de dos mil. Pero muchos de los heridos que lograron escapar, luego aparecieron muertos en las playas, en las quebradas o en las casas donde se fueron a esconder. Muchos murieron luego de tristeza porque perdieron a sus seres más queridos. Pienso que ese capítulo es uno de los más fuertes de la novela. Pero aún con toda la crueldad de esa narración es imposible describir en toda dimensión cómo realmente fue la matanza. Tendría que ser un Dios para transcribir en palabras la monstruosidad de aquel episodio”. ¿Qué fue lo que lo motivó a escribir esta novela? “Bueno, el hecho de que yo venía contando la historia de la pampa. Si te fijas y tomas mis otros libros te vas a dar cuenta que en verdad es uno solo. Si los pones uno encima del otro son cinco tomos de una sola historia. Incluso los personajes saltan de libro en libro. Y para terminar ese libro de mil páginas, por supuesto que no podía ser otra que la de esa matanza injustificable”.
Algunas de sus obras han sido llevadas al teatro. ¿Existe algún proyecto para el cine?
“Soy un escritor afortunado. De dos novelas se han hecho obras de teatro y es un privilegio. Tengo entendido, además, que Gustavo Meza prepara la versión de ‘Santa María de las flores negras’. Respecto al cine hay un proyecto un tanto atrasado en Francia. Quieren hacer una película sobre ‘Fatamorgana de amor con banda de música’ que debería haberse comenzado a filmar este año”.
Usted ha sido traducido, ¿cómo ha sido la recepción en el extranjero?
“Yo había escrito mucho sobre la pampa, pero no traspasaba las fronteras. Llegué a la conclusión de que era por la forma, el lenguaje, y no el contenido. Entonces comencé a preocuparme. A partir de ahí comencé a tener una buena recepción en el extranjero. Las críticas son mucho más elocuentes que las locales. Como dice la papa: nadie es croqueta en su tierra”.
Los títulos de sus libros son muy poéticos además.
“Es que soy un poeta: para ser poeta no es necesario escribir versos. Un ensayista puede ser un poeta, he leído ensayos llenos de poesía y he visto poemas secos de poesía. Me siento un poeta que escribe novelas. Soy un amante de las palabras, de su música, de su sabor, de su suavidad o aspereza”.
La explotación de los obreros en las salitreras fue terrible. ¿Cómo observa hoy este fenómeno?
“Después de investigar lo salvaje de la explotación de los obreros en nuestro país, especialmente en la pampa, percibo que esto ha cambiado poco. Ha cambiado en la forma pero sigue manteniéndose. Y el 11 de septiembre de 1973 fueron cercenadas de un solo tajo todas las reivindicaciones que habían logrado los obreros. Se hizo un plan laboral a favor de los patrones que aún hoy tienen el descaro de seguir pidiendo flexibilidad laboral. La explotación continúa, a los trabajadores les pagan cuando quieren, cuando les pagan”.
El norte de Chile fue forjador de un movimiento sindical muy fuerte, que hoy está bastante disminuido. ¿Cree que haya esperanza de recuperar un movimiento sindical de esas características?
“Es que estos hijos de puta hicieron tan bien las cosas en dictadura, nos cagaron tan bien cagados, anudaron tan bien esa nueva Constitución de 1980, que es una monstruosidad. Enfardelaron de tal modo la democracia, que llegó amarrada por todos los costados, y ha habido que empezar a desatar nudos. Se han desatado muy pocos y existen otros que podrían haberse desatado hace rato pero hay poca voluntad de hacerlo, me parece. La gente está decepcionada. A los sindicatos los dispersaron, los dividieron. Hoy el trabajador está completamente desprotegido”



En las entradas siguiente y anterior.  porán leer y ver más información acerca de este deleznable y horrendo acontecimiento.


UN PUEBLO BIN MEMORIA HISTÓRICA CARECE DE IDENTIDAD

Publicado 30 octubre, 2007 por Anna en POLÍTICA

Una respuesta a “* CENTENARIO DE LA MATANZA EN LA ESCUELA STA. MARÍA / IQUIQUE

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  1. muy lindo todo`pero me gustaria cominicarme con el señor hernan rivera letelier para que me de algunos consejos que solo el me puede dar soy carolina mi msn es carolina_1609@hotmail.es

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