PLANIFICACIÓN URBANA Y DE TRANSPORTE??   Leave a comment

 

Esto es lo que grita furiosa la ciudadanía Santiaguina

    Una miradita a lo que es la NO Planificación Urbana de una ciudad, que es lo que ha llevado a la que habito – Santiago de Chile – a un gran caos al pretenderse modificar todo el sistema de su Locomoción Colectiva (cosa absolutamente necesaria, eso nadie lo niega)

Este cambio ha dejado en evidencia – entre otras cosas – el gran abismo que existe y separa a sus habitantes, social y geograficamente*

 Y ahora el plan Transantiago da muestras de pecar  exactamente de  lo mismo: Falta de una planificación seria y acabada, lo cual ha llevado a una gran crisis al Gobierno de Bachelet, teniendo que hacer cambios en su Gabinete Ministerial – pidiendo la renuncia del Ministro de Transporte –  puesto que la situación de movilización de los ciudadanos de Santiago es innegablemente insostenible.                                                       

Parece ser que el único eslabón que tenían los residentes de las poblaciones de vivienda social – o sea los pobres – con la “modernidad”, era el bus amarillo que cruzaba cada territorio.

Hoy ese eslabón se ha roto. Esa línea amarilla, que simbólica y prácticamente traía y llevaba a la ciudad, ya no existe. Las líneas verdes, rojas, naranjas, no zurcen la ciudad. La línea amarilla seguía la irracional lógica que el Ministerio de Vivienda había impuesto con sus políticas de vivienda social en Santiago: donde hay un terreno barato, no importa dónde esté localizado, las empresas privadas pueden construir para los pobres, dentro o fuera del límite urbano: para eso se cambió el art. 55 de la Ley General de     Construcciones. Donde había pasajeros que recoger, había una empresa de transporte dispuesta a llevarlos, sumándolos. Micros pobres para los pobres. Pero entraban en cada una de las poblaciones y las cosían al tejido urbano.

Las líneas de colores, con una lógica racional, que considera tiempos de viaje, gasto de gasolina, pasajeros transportados, aplican una estructura de viajes que sería normal y adecuada en una ciudad normal, adecuada, cohesionada social y físicamente, sin grandes segregaciones y relativamente compacta. Pero esa ciudad no existe. Desde hace más de veinte años, la ciudad de Santiago se ha ido extendiendo por la construcción de poblaciones de vivienda social en la periferia, cada una separada de la otra, cada vez más lejos, sin ninguna estructura vial que las articule. Y este modelo que sin restricciones ha guiado las políticas urbanas impulsadas por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo en las últimas décadas, no se superpone bien al mapa de viajes del Transantiago. (¿No nos recuerda esto las viejas nociones de valor de cambio y valor de uso?)

La prueba de lo que estamos diciendo es que el Transantiago funciona bien en algunas partes de la ciudad, y se cumplen sus objetivos de reducir el esmog, el ruido, el atochamiento de transporte público, etc. Pero esa es la parte de la ciudad integrada, y que corresponde más o menos a lo que se construyó de acuerdo con los viejos manuales de urbanismo. ¿Y qué pasa en la otra parte?

Pasa que la gente está furiosa. Lo que estamos observando día a día y en forma creciente son expresiones de rabia, de violencia urbana. No de delincuencia. Son manifestaciones aisladas de un descontento todavía impreciso contra lo que se percibe como otra forma de exclusión, esta vez muy concreta y cotidiana: la micro amarilla que ya no pasa. Por buenas o malas razones, pero que ya no pasa.

Los franceses, que saben de este tipo de expresiones urbanas, son cuidadosos en distinguir lo que es delincuencia en la ciudad, de lo que es violencia urbana. Para ellos, son violencia urbana las manifestaciones anti-institucionalidad y las revueltas, en las cuales pueden existir hechos delictivos, pero claramente son otra cosa. Son una forma de llamar la atención sobre problemas que las autoridades no perciben como importantes, y que sobrepasan el umbral de tolerancia de la gente común. Los franceses han aprendido que es bueno tomar en cuenta estas señales.

El Transantiago es un esfuerzo muy importante de ordenar y racionalizar los desplazamientos en la ciudad, que ha dejado de manifiesto que el problema de Santiago no es el transporte. No es un asunto de micros más o micros menos, más nuevas o más viejas, con recorridos formales o piratas. Es un problema netamente urbano: cómo está construida la ciudad, cómo crece, cómo se la ordena. Por primera vez en mucho tiempo, con una fuerza imprevista, se coloca en la agenda pública el tema de la ciudad, el tema de cómo se ordena el territorio (o de los costos de no ordenarlo), sin dejar en la vereda a tantos y tantas.

*Lo Barnechea, Las Condes, Vitacura, Providencia, La Reina y Ñuñoa son los sectores "altos" de la ciudad, socio económica como geográficamente
 

Publicado 29 marzo, 2007 por Anna en POLÍTICA CONTINGENTE

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