ÁNGELES MASTRETTA   Leave a comment

 

ÁNGELES MASTRETTA

  Leyendo – como es habitual – me guardé hace un tiempo esta disquisición hecha por esa gran mujer mexicana que es la Mastretta, sobre los cambios que nos han afectado a las mujeres.
   Me gusta su postura, ese su andar en la vida que es  como irse de parranda en busca de sus mejores instantes y de que cada instante es como el atisbo de un milagro.
   Su empeño es persuadirnos de cuán prodigiosa y arrebatada es la vida, de cuántos motivos diarios tenemos para hacer que la veneremos. Ella cree en el sensato hábito de la locura, en el desafío diario que es mirar a otros vivir como quien delira
   Pa los que no la han leido … pues ha hacerlo !!!

 

  "La mujer es un misterio"

Hay una estampa que guarda el más importante archivo fotográfico de la Revolución Mexicana, por la que camina hacia cualquier batalla un grupo de revolucionarios montados a caballo. Altivos y solemnes, con sus dobles cananas cruzándoles el pecho y sus imponentes sombreros cubriéndoles la luz que les ciega lo ojos y se los esconde al fotógrafo, parece como si todos llevaran una venda negra a través de la cual creen saber a dónde van.
Junto a ellos caminan sus mujeres, cargadas con canastas y trapos, parque y rebozos. Menos ensombrecidas que los hombres, marchas sin reticencia a su mismo destino: los acompañan y los llevan, lo cobijan y los cargan, los apacientan y los padecen.
Muchas veces las mujeres mexicanas de hoy vemos esa foto con piedad avergonzada de quien está en otro lado, pero muchas otras tenemos la certidumbre de ser como esas mujeres. De que seguimos caminando tras los hombres y sus ciegos proyectos con una docilidad que nos lastima y empequeñece. Sin embargo, hemos de aceptar que las cosas no son del todo iguales. Creo que con la prisa y la fiebre con que nos ha tocado participar, padecer y gozar estos cambios, ni siquiera sabemos cuánto han cambiado algunas e ideas y muchos comportamientos.
Muchas de las mujeres que viven en la ciudades trabajan cada vez más fuera de sus casas, dejan de necesitar que un hombre las mantenga, se bastan a sí mismas, se entregan con pasión y con éxito a la política y al arte, a las finanzas o la medicina. Viajan, hacen el amor sin remilgos y sin pedirle permiso a nadie, se mezclan con los hombres en las cantinas a las que antes tenían prohibida la entrada, deambulan por la calle a cualquier hora de la noche sin necesidad de perro guardián o marido que las proteja, no temen vivir solas, controlan sus embarazos, cuidan y gustan de sus cuerpos, usan la ropa y los peinados que se les antojan, piden con más fuerza que vergüenza la ayuda de sus parejas en el cuidado de los hijos, se divorcian, vuelven a enamorarse, leen y discuten con más avidez que los hombres, conversan y dirimen con una libertad de imaginación y lengua que hubiera sido el sueño dorado de sus abuelas.
Estamos viviendo de una manera que muchas de nosotras ni siquiera hubiéramos podido soñar hace veinticinco años.

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Publicado 18 febrero, 2007 por Anna en LITERATURA

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