HABLANDO DE DISCRIMINACIÓN: La nave de los Locos   1 comment

La nave de los locos

La imagen de la locura, su realidad social, da cuenta mejor que nada de un momento histórico y de un modelo de vida. Hoy ya ni se habla de “locos”: está  

                                   La Stultifera Navis de viaje al País de los Tontos.

Grabado en madera    de 1549

proscrita la palabra, como si el eufemismo garantizara la piedad o el progreso. En la consulta, en el hospital se usan términos tan rebuscados e inútiles como “interno”. Igual que en la cárcel, y ya veremos que no por casualidad. La humanidad tuvo siempre algún tabú en boga. Primero fue la lepra –la inimitable historia de Foucault lo explicó todo–, la enfermedad confundida como mal, el mal interpretado como seña nefanda. “Tame, impuro”, estaba obligado a gritar el leproso en Israel. En la Europa moderna vagaba por los campos y avisaba a los sanos con su campanilla. La lepra no se trataba: se excluía. Hasta que la relevó un maleficio nuevo, la locura. En medio parece que anduvieron mitificadas las que hoy llamamos “ETS”, las viejas venéreas también pudibundamente disfrazadas en esta nueva jerga. Pero fue el loco el que destronó al leproso. Un rey: por eso se coronaba con un embudo, tal como lo retratan el Bosco y otros. Pero un rey desterrado, un vagabundo sagrado en cierto sentido. Lo de “la Nave de los Locos” no es un cuento. Existió, al menos en el siglo XV, un “Narrenschiff” que viajaba de puerto en puerto con su cargamento alienado. Des-terrados, literalmente, fueron aislados en el agua. Es una grave historia que contemplamos estremecidos en los cuadros de Brueghel, de Durero, que todavía Goya retrata con piedad y rigor. No había sitio para el loco en la sociedad. El cristianismo fue tan incapaz como las otras culturas a ese respecto.

La “Stultífera Navis”, ¡qué imagen! Foucault, maestro definitivo, definía el trato de la insania como “un espacio moral de exclusión”. Y así era, en especial cuando la errancia se sustituyó –ay, el progreso—por el encierro. El hospital, el manicomio no era un

  Interpretación de Hieronymus Bosch de la Nave de los necios.

establecimiento médico sino una institución administrativa, policial para entendernos, poco diferenciable de la cárcel en la práctica. Se encerraba y se maltrataba, en condiciones sobrecogedoras, con voluntad e imaginación de sádicos. Las historias francesas e inglesas del XVII sobre manicomios son para morirse (y tengo varias). Lean a Sade, por otra parte, si quieren porno duro pero también suplicio infinito. Hubiera merecido la pena que cayera la Bastilla sólo por librar a uno de aquellos desgraciados. A él mismo.

Pero aterricemos. En la curva del Conquero, justo en el cruce de las Adoratrices, estaba La Morana. La Morana era una parcela amplia, con un pabellón rectangular una de cuyas paredes era de rejería. Quiero decir, mejor dicho, no quiero decirlo, pero era una jaula, y en ella pasaban el día los locos –entonces se hablaba en cristiano todavía–, lloviera o venteara, ya podía caer la canícula y convertir aquel antro en la carroza de plomo derretido o abatirse el frío norteño hasta congelar los cuerpos. Por las mañanas había ducha fría, manguerazo, claro. Y en el peor de los casos, el shock, ya saben. Luego el ir y venir del enjaulado o bien al ensimismamiento del ido. Algunos, los mejores, cultivaban un huertecillo a dos pasos de la valla, en la que nos arremolinábamos los chiquillos. A uno le llamaban el Legionario y creo que tenía el encargo de mantener la disciplina, calculen. Allí metieron a Ricardito, un tío adorable al que enloquecimos entre todos los de mi generación abundando en su satirismo incurable. Una locura, en efecto. Ah, y a dos pasos quedaba, por cierto, el Palacio Episcopal.

La Morana define la Huelva de la posteguerra, etapa dura, es decir, desde el fin de la guerra civil hasta los sesenta. Luego vino el Psiquiátrico que sería, en muchos sentidos, un emblema estupendo de la Huelva emergente del “desarrollo”, contagiada ya de progresía galopante. Y bendita la hora, por supuesto. El Psiquiátrico fue todo lo contrario de La Morana, claro, a saber, el rechazo del estigma, la aceptación de la enfermedad, la denuncia del shock, la humanización del espacio. Como íbamos a arreglarlo todo, pues empezamos por el final y abrimos las puertas. ¿Cerraduras? ¿Por qué, si se podía hablar, drogar con tiento, reeducar lo torcido? Aquel grupo de profesionales hizo toda una revolución que, en buena medida, como ocurre con las revoluciones casi siempre, dio paso a otras tensiones y a problemas nuevos. Recuerdo una mañana en que estando al cargo de mi área en el Gabinete del Presidente –lo digo para que no se moleste nadie insidiosamente en recordarlo—leí perplejo la portada del periódico: “Cerramos el manicomio”, decía. Y los teléfonos se bloquearon, claro está, y hasta que hubo de dar explicaciones el propio Presidente. Pero cuesta cerrar una cancela rota. La solución de “hospitalizar” la locura, internando los casos graves en unidades nosocomiales (no se pierdan la cursilada) acabó con una tradición calamitosa pero no supuso ninguna solución. Tampoco en Huelva, por más remiendos que se echaran. Pero el Psiquiátrico correspondía a una forma superior de la convivencia, en todo caso. Hay un antes y un después en la desdicha humana que esa institución separa en Huelva como una barda alta e insalvable.

¿Hoy? Hoy vamos que nos salimos y todo cambia a un ritmo que no permite apreciar siquiera las mudanzas. La “Nave de los Locos” sigue por nuestras calles y plazas a la deriva, por supuesto, abarrotada como nunca, ignorada como siempre. Naturalmente, la enfermedad –ésas de la mente, como todas las demás—se ve desde otra óptica, merece otro trato, y hace mucho, por lo demás, que la ciudad alegre y confiada –y no me refiero a Huelva en exclusiva—ha aprendido a confiar en una droguería novísima, extremadamente eficaz y de uso generalizado, como consecuencia, entre otras cosas, de la falta de dotación médica adecuada: a menos médicos, más recetas. Lo cual es un progreso, qué duda cabe, comparando con el dispensario tan reducido de que disponían los profetas del Psiquiátrico y, ni que decir tiene, respecto de la barbarie de La Morana. Y sin embargo… Algunas mañanas con buen tiempo nos las pasábamos en aquella verja, fascinados por el espectáculo de la locura misma pero también por la experiencia del sentido común que resistía bajo la depresión o el frenesí. Un día, en el Psiquiátrico, un paciente joven le dijo a Jaime Montaner y a José Ramón Moreno –luengas barbas progres, amplios chambergos, pastoriles cayados—que “tenían sugestión de Jesucristo”, y por mi madre que la tenían. Y otro día en que charlábamos con la cuadrilla del huerto en La Morana le preguntamos, como quien no quería la cosa, a Ricardito, el pobre, que cavaba con una piocha en la besana como un desesperado, que qué hacía allí dentro, y Ricardito nos contestó: “Pues nada, chicos, ya veis. Aquí, veraneando”.

Publicado 9 febrero, 2007 por Anna en CONTINGENCIA

Una respuesta a “HABLANDO DE DISCRIMINACIÓN: La nave de los Locos

Suscríbete a los comentarios mediante RSS.

  1. Hi,Do you have used LCD monitors, second hand lcd monitors and second hand flat screens? Please go here:www.sstar-hk.com(Southern Stars).We are constantly buying re-usable LCD panels,LCD recycle.The re-usable panels go through strictly designed process of categorizing, checking, testing, repairing and refurbishing before they are re-used to make remanufactured LCD displays and TV sets.Due to our recent breakthrough in testing and repairing technology of LCD, we can improve the value for your LCD panels.
    Contact Us
    E-mail:sstar@netvigator.com
    website:www.sstar-hk.com[fcdegeeeefhei]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: