PARA ÉLLAS, LAS QUE PARTIERON   Leave a comment

 

Madre hay una sola

– o  las cuatro estaciones de mi madre – 

 

Mi madre era un manchón de crisantemos amarillos;

 mi madre era parrón pletórico de uvas transparentes en verano.

 Mi madre era un cesto de pan dulce en el invierno;

 mi madre era manos con pájaros en la sombra de los muros.

 Mi madre era el mate con azúcar quemada y toronjil;

 

 

                                                                                                                             mi Mi madre era campana en Año Nuevo.

Mi madre era pura  energía; mi madre era arcilla.

Mi madre era hilera de álamos en otoño;

 mi madre era travesti algunas noches

 buscando a su amor por caminos oscuros, azarosos.

 

Mi madre es perenne, mi madre es araucaria;

Le brotan buganvilias y azahares, le crecen rosas rojas todo el año.

Su sonrisa amanece en el verano colgada del vuelo de las tencas,

 de las laderas de los cerros circundantes, bailando sobre el Lecho Verde donde duerme.

.

 

Publicado 21 diciembre, 2006 por Anna en CARTA

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