AFANES TEXTUALES 7 SUSANA SANCHEZ BRAVO   Leave a comment

 
 
  

AFANES TEXTUALES

La palabra Afán se inclina sobre la línea y la olfatea. Idea se revuelve en las babas que va dejando Torpeza para dificultarle el rastro. Sabe que con esto el redactor deberá poner un punto seguido y obligará a Afán a detenerse .

Idea necesita una oración nueva, algo insólito para desconcertar a su perseguidora. Deberá evitar los ilativos y las preposiciones. No es el momento de cometer errores y no puede interrumpir la secuencia. Quizás un callejón que se abra a su derecha, con sombras y poca luz. Lo ve aparecer pero no entra. Idea sabe que es el lugar común de la amenaza. Obliga al redactor a abrir paréntesis y se refugia en ellos. Afán pasa de largo, sortea una coma y orina detrás de ella, después se pierde en el próximo renglón. Avanza con cautela y luego retrocede. Afán ha desembocado en una línea vacía.
El redactor lo corretea con la tecla de “suprimir” y comprende que se encuentra en una parte del texto que aún no ha sido escrita. Le sobrecoge la sensación de pisar el futuro, un desierto en el que aún nada ha sido nombrado. Debe volver al presente, encontrar el punto seguido detrás de los paréntesis y acicatear.
Desde su refugio, Idea le ve venir y se prepara. Una oración nueva sale de su apremio, algo con una puerta. La abre renegando de los tiempos actuales y añorando a los antiguos, a Homero, El Manco de Lepanto, Maupassant, Joyce, Neruda, escritores que sí se tomaban su tiempo, que le daban a la palabra un diseño, una protohistoria de lápiz y papel y no las acechaban suprimiéndolas en una frase como si no valieran nada. Cierra tras de si.
Afán araña la puerta y gira la aldaba pero no logra abrir. Aúlla con tristeza y el lamento empuja a Idea hacia un patio lleno de luz. Hay una fuente que escurre agua, una mujer hermosa mojando su cabello oscuro, y atrás, en el vano de una puerta escondida, la figura de un hombre. Tiene en su mano un cuchillo y la luz de los celos relampaguea en sus ojos.
Idea congela la escena. Ha encontrado a los personajes. Siente el cosquilleo, el fluir que remece sus grafemas, el tintineo tumescente de sus vocales. Y en ese instante previo, antes de desencadenar la acción y transformarse para siempre, entiende que ella sólo ha encendido la luz, y que nada habría sido posible sin el acoso constante del Afán.

Publicado 24 septiembre, 2006 por Anna en CUENTOS

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