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RAFAEL ALBERTI

Matilde: hemos pensado en tu inmenso dolor pero también en tu gran entereza y valentía. Aquí ya se sabe todo y aquí hablamos, gritamos y protestamos todos los días recorriendo Italia desde las grandes ciudades hasta los pueblos más mínimos. Te emocionaría el fervor que ha despertado en este estupendo pueblo italiano el nombre de Pablo. Hace poco estuvimos en un pueblecito de la Regio Emilia para inaugurar una biblioteca a la que daban su nombre. La gente lloraba cuando hablamos María Teresa y yo en un modestísimo cine en el que se proyectó una entrevista de Rosselini con Allende y en donde hicimos escuchar una cinta magnetofónica que alguien grabó durante el entierro de Pablo. Debes estar orgullosa, dentro de esta inmensa tragedia, de la grandiosidad que alcanzó su muerte y de las proporciones colosales que han adquirido su imagen y su obra no sólo para Chile sino para el mundo entero.

Rafael Alberti y María Teresa León, carta a Matilde Urrutia, 29 de noviembre de 1973.

Derechos Fundación Pablo Neruda

 

 

FEDERICO GARCÍA LORCA

Al lado de la prodigiosa voz del siempre maestro Rubén Darío y de la extravagante, adorable, arrebatadoramente cursi y fosforescente voz de Herrera y Reissig y del gemido del uruguayo y nunca francés conde de Lautréamont, cuyo canto llena de horror la madrugada del adolescente, la poesía de Pablo Neruda se levanta con un tono nunca igualado en América de pasión, de ternura y sinceridad.

Se mantiene frente al mundo lleno de sincero asombro y le fallan los dos elementos con los que han vivido tantos falsos poetas, el odio y la ironía. Cuando va a castigar y levanta la espada, se encuentra de pronto con una paloma herida entre los dedos.

 

Federico García Lorca, Presentación de Pablo Neruda. Texto leído en la Universidad de Madrid en octubre de 1934.

Derechos Fundación Federico García Lorca

 

 

SALVADOR ALLENDE

Neruda, un humanista esclarecido que ha narrado con belleza la inquietud del hombre frente a la existencia; por la poesía de Neruda pasa Chile entero, con sus ríos, sus montañas, sus nieves eternas y tórridos desiertos, pero sobre todas las cosas está el hombre y la mujer, y por esto están presentes el amor y la lucha social.

Salvador Allende Gossens, al referirse al Premio Nobel de Literatura de Pablo Neruda, octubre de 1971.

Derechos, Fundación Salvador Allende

 

 

                 

Homenaje de los poetas españoles:

Rafael Alberti, Vicente Alexaindre, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, Gerardo Diego, León Felipe, Federico García Lorca, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Miguel Hernández, José A. Muñoz Rojas, Leopoldo Panero, Juan Panero, Luis Rosales, Arturo Serrano Plaja y Luis Felipe Vivanco a Pablo Neruda. Éste se incluyó en la presentación de la publicación de Tres cantos materiales, Editorial Plutarco, Madrid, junio de 1935.

Chile ha enviado a España al gran poeta Pablo Neruda, cuya evidente fuerza creadora, en plena posesión de su destino poético, está produciendo obras personalísimas, para honor del idioma castellano.

Nosotros, poetas y admiradores del joven e insigne escritor americano, al publicar estos poemas inéditos – últimos testimonios de su magnífica creación – no hacemos otra cosa que subrayar su extraordinaria personalidad y su indudable altura literaria.

Al reiterarle en esta ocasión una cordial bienvenida, este grupo de poetas españoles se complace en manifestar una vez más y públicamente su admiración por una obra que sin disputa constituye una de las más auténticas realidades de la poesía de lengua española.

 

 

CARLOS FUENTES

Con nosotros en la arriesgada conquista del futuro

                        Carlos Fuentes

En el séptimo día de la creación americana, Dios y el Diablo se sintieron fatigados. Entonces Pablo Neruda habló y bautizó todas las cosas de nuestro magnífico y terrible continente.

Patriarca de las tormentas, las desmentía con la lenta majestad de sus movimientos. La inteligencia irónica del ángel caído se dejaba entrever detrás de sus ojos dormilones de tortuga. Semejaba a un animal sin tiempo. Podía ser tan vasto y anónimo como la tierra de uva y barro y cobre y durazno y nitrato y temblor envainada entre el Pacífico y los Andes. Poeta chileno, hijo de trabajadores, criado en una provincia olvidada por todos salvo la lluvia y el hambre. El mar le envió un barco ebrio. Los bosques le cubrieron de hojas de hierba. El poeta adolescente, flanqueado por Rimbaud y Whitman, salió a los veinte años a revolucionar la poesía escrita en castellano.

De la húmeda soledad del valle de Temuco, enseguida desde las calles de Santiago y los muelles de Valparaíso, siempre desde el fin del mundo, Robinson de las islas chilenas de su nacimiento y de su muerte, Neruda, antes de haberlos leído, escribía ya con Eliot y St. John Perse, con Eluard y Cummings.

Y con ellos transformaba el rostro del verbo. Pero si ellos procedían de los centros de la civilización, Neruda hubo de gritar y sollozar y murmurar desde la frontera insonora de una cultura excéntrica.

Chile fue llamado El Nuevo Extremo por los conquistadores. Desde ese límite polar de la tierra, Pablo Neruda envió las carabelas de Colón de regreso a España. Fue, después de Rubén Darío, el primer gran poeta de la lengua castellana desde el siglo XVII. Descubrió las voces perdidas de Quevedo y Góngora. Fue el adelantado de la respuesta cultural de la América Española a la Conquista Española. Le devolvió a la lengua adormecida por siglos de inquisición, retórica, miedo, mediocridad y buenas costumbres una vitalidad a la vez ancestral y actual.

Sin la aventura poética de Neruda, no habría literatura moderna en América Latina. O por lo menos, no la que conocemos, admiramos y sostenemos. Su enorme alcance se debe a que Neruda asumió los riesgos de la impureza, de la imperfección y, también, de la banalidad. Estaba obligado a hacerlo, a fin de nombrar todo un mundo. Nuestro mundo. Nos condujo a las zonas salvajes de nuestro idioma olvidado. Nos liberó de las normas de la forma exquisita y del buen gusto yermo. Nos enseñó a comer y a beber. Nos obligó a mirar dentro de las peluquerías y a temblar ante nuestros fantasmas en las vitrinas de las zapaterías.

Nos sacó de los jardines de nuestros Versalles literarios y nos arrojó al fango de las alcantarillas urbanas y a la putrefacción de las selvas tropicales. Nos mostró desnudos en desiertos de oro. Elevó nuestra altura a las cimas volcánicas. Le dio voz a los vivos y a los muertos, a los amantes crepusculares en los apartamentos urbanos y a los príncipes indígenas en sus ciudadelas de piedra.

Toda la América Española resucitó en su lengua. Su poesía nos permitió recuperar cinco siglos de historia perdida, una historia enmascarada por oratoria hueca y proclamas grandiosas, una historia mutilada por imperialismos externos y opresiones internas. Una historia desfigurada por el silencio ofendido de los muchos y la mentira ofensiva de los pocos.

El y yo no estuvimos siempre de acuerdo políticamente. Pero si sus disputas con los hombres de su generación fueron a menudo amargas, con nosotros, los escritores entonces jóvenes, siempre fue generoso, abierto, inteligente, capaz de diálogo, razón y disensión. Y es que lo que nos unía era muchísimo más grande de lo que pudiese separarnos. Escribimos nuestras novelas bajo el signo de Neruda: darle al pasado inerte un presente vivo, prestarle voz actual a los silencios de la historia.

Esta raíz genética fue mucho más importante que nuestras discrepancias acerca de la forma que el futuro debiese adoptar, porque si no salvábamos nuestro pasado para hacerlo vivir en el presente, no tendríamos futuro alguno.

El día en que murió mi amigo Neruda, evoqué ante todo la comunidad de valores que compartimos y quisimos mantener. La velación de Neruda tuvo lugar en una casa tomada. Soplaban los vientos finales del invierno austral a través de ventanas rotas, removiendo las cenizas de libros quemados. Una casa saqueada, una nación violada. Esta terrible coincidencia de dos agonías me hace recordar algo que una vez me dijo Pablo:

-Nosotros, los escritores latinoamericanos, quisiéramos volar. Pero nuestras alas cargan el peso de la sangre de nuestros pueblos.

El pueblo libre por el cual Neruda dio tanto de su vida fue asesinado por una pandilla de hombres desleales a su juramento de fidelidad a Chile. Un Jefe de Estado que no mató a nadie fue empujado a la muerte, quizás porque respetaba demasiado a la vida.

¿Hemos, Bolívar, arado en el mar? La vida y la obra de Neruda nos dicen que no es así. Hemos llorado por el poeta y su pueblo. Pero un poeta no es su cuerpo, ni su posición política, ni sus opiniones personales. Un poeta es la totalidad de un lenguaje. Y el lenguaje del Canto General, Residencia en la tierra, Odas elementales y Veinte poemas de amor no ha muerto. Conoce, aún, la gloria del anonimato: los poemas de Neruda son cantados con desafío y gritados con rabia y murmurados con amor por millones de Latinoamericanos que, a veces, ni siquiera saben el nombre del poeta que escribió las palabras,

Eres, Chile…un niño

que no sabe su nombre todavía…

Una poesía sin forma. Como un templo. Como una montaña.

Las cosas no nos pertenecen a todos. Pero las palabras sí. Las palabras son la primera y más natural instancia de una propiedad común. La escritura, lo quiera o no el escritor, es siempre una comunidad y una comunión. Pablo Neruda no es dueño sólo de las palabras que escribió porque él no es sólo Pablo Neruda. Es el poeta: es todos. El poeta nace después de su acto: el poema. El poema crea al autor así como crea al lector.

La poesía de Neruda regresó como una promesa de libertad a su pueblo injuriado. Su poesía volvió a ser desierto y mar, montaña y lluvia. Su poesía volvió a ser, como en un principio, Temuco, Atacama, Bío Bío.

La poesía sobrevivirá. El pueblo sobrevivirá. En 1913, sin mi patria mexicana, otro presidente que respetaba la vida y la justicia, otro Salvador Allende llamado Francisco Madero, fue asesinado por otro Pinochet llamado Huerta. Los militares tomaron el poder y proclamaron el control de la situación. Pero entonces, de las sombras de la historia, surgieron los nombres sin nombre, Emiliano Zapata, Pancho Villa…

Temuco, Atacama, Bío Bío. De los nombres de la poesía de Pablo Neruda surgieron también los hombres y las mujeres de la democracia chilena. Porque nos dio un pasado y un presente, Pablo Neruda estará con nosotros en la arriesgada conquista del futuro.

Publicado 9 septiembre, 2006 por Anna en LITERATURA

Una respuesta a “… NERUDA

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  1. Anna andrOmeda

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