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RAÚL ZURITA

El continente Neruda

                                   Raúl Zurita

De pronto parece que nada existiera fuera del pulso de algunas palabras, de ciertos versos y poemas que nos dan vueltas y vueltas en la cabeza igual que un latido que no termina. Podemos incluso llegar a sentir su presión punzándonos desde detrás de la frente como si esos poemas quisieran hacernos entender que nosotros mismos no somos sino un pequeño episodio de algo escrito mucho antes de que fuese inventado lo humano. La sensación no es distinta a la que podemos experimentar mirando la inmensidad del mar o las cumbres de los Andes. Poemas como La Ilíada y La Odisea, el Mahabharata o los grandes poetas bíblicos nos hacen pensar en esas dimensiones. No importa el tiempo en que fueron escritas ni los siglos que generaciones ocuparon en escribirlas, obras así son tan plenas y sobrecogedoras que, como decíamos, más que a lo humano se asemejan a los grandes escenarios de la naturaleza. Es lo que sucede con Pablo Neruda. Muchas veces su poesía parece exceder los límites de las creaciones individuales para acercarse a los grandes relatos míticos. Se le puede celebrar o criticar, lo que es imposible es ignorarlo. Para Latinoamérica (y en países como India, China o la pequeña isla de Chipre) Pablo Neruda es tan real como los Himalayas o el océano Pacífico.

En sus momentos más altos su poesía se asemeja a un destino y en ella están expresadas todas las esperanzas, temores, sueños y tragedias que conforman el tejido de un pueblo y de un continente.

El conjunto de su poesía (incluso en sus momentos más retóricos y malogrados) se asemeja a la imagen que podemos tener de un río: su cauce puede ser de pronto más ancho o más angosto, sus corrientes más rápidas o más lentas y a veces basta un simple recodo, un cambio de luz, para que tampoco se parezca a si mismo. Es eso; sus tres obras fundamentales: Veinte poemas de amor y una canción desesperada, las Residencia en la tierra y Canto General, representan el gran río que Chile, angosto y largo, no tiene. En otras palabras: en la suma de vidas que contiene, de relatos, de nombres, de lugares, esa poesía es nuestro río. Neruda es nuestro Ganges.

En las corrientes de ese río los pueblos de un continente han entendido su propio amor, la angustia siempre renovada de la existencia y los cursos variables de su historia y de un posible mejor futuro. Latinoamérica antes de Neruda es otra que después de Neruda. Chile mismo existe, existe tal como sus habitantes lo podemos ver hoy, porque esa poesía fue escrita. Sin embargo su obra es una respuesta. En 1557 un soldado español, Alonso de Ercilla, escribió un poema: La Araucana, el primero escrito en lengua castellana en América, y lo que nos dice es que Chile, como un atributo o como una tragedia, mucho antes de ser un país fue un poema.

En rigor es así. Chile mismo es un milagro o una cortesía de la naturaleza, pues habría bastado que la cordillera de los Andes se hubiese corrido apenas unos kilómetros al oeste o que el nivel del Pacífico hubiese subido algunos metros para que esa estrecha cornisa no existiera. Sin embargo algo quiso que fuésemos, que existiese un pueblo más para contribuir a la diversidad de los otros pueblos y que su pequeña voz, sus sueños, sus metas, sus derrotas, también formaran parte de ese diálogo general con las cosas y con la diversidad general de las cosas y de los seres de la tierra. Por razones que son misteriosas, pero que en todo caso queremos imaginar que son razones benignas, ese diálogo tomó en Chile la forma de la poesía. Nombres como los de Pablo Neruda, de Gabriela Mistral y otros: Huidobro, de Rokha, Nicanor Parra, nos hablan de esa delicadeza, pero también de una violencia extrema anidada en el centro de nuestra historia. Del fulgor de la luz y del tono oscuro de la crueldad.

Pero la historia americana es también la historia de esa violencia. Por otra parte, hablar una lengua es ya de por sí actuar dentro de una historia y para los hispanoparlantes de América, hablar castellano es también permanentemente hacer presente la memoria de los millones de víctimas que la imposición de esa lengua produjo. Es lo que, como decíamos, está tempranamente relatado en La Araucana. Cuando en el exilio, en México, Neruda publica Canto General, lo que le entrega América Latina es la primera gran versión de sí misma, de su naturaleza y de su historia. Sin embargo, la gran marca que despliega la obra nerudiana se encuentra en el segundo poema de ese libro: Alturas de Macchu Picchu, que despliega la visión de un futuro liberado que sólo será posible cuando los conquistados, los hispanoparlantes de Latinoamérica, se hayan reconciliado con la lengua que les fue impuesta y que algún día también habrá de cantar la felicidad de los seres que la hablan.

El Canto General representa esa vitalidad permanente. Decíamos que Chile es una estrecha cornisa al borde del Pacífico. La distancia que media entre la Cordillera de los Andes por el oeste y el océano por el este es muy corta y los ríos llegan rápidamente al mar. No nos fue dada la maravilla nutricia y materna del Ganges. En nuestro pequeño país sólo nos fueron dados los ríos del poema. Ellos son el río de Chile y en ese río nuestra historia, la historia general de América (y para los seres sensibles, para los que uno puede amar, América es sobre todo Sudamérica, Latinoamérica) está siendo permanentemente reescrita, refundada y perdida incontables veces. Así Pablo Neruda es una forma, y tal vez la más vital, con que un pueblo ha afrontado los avatares de su historia. Pero esto no es extraño; por lejana, visionaria o genial que sea la obra de un poeta ella siempre estará de una u otra forma contenida en las visiones, sueños o pesadillas que su propia comunidad guarda, y autores como Neruda o César Vallejo hablan más profundamente de los trasfondos afectivos, sicológicos, es decir, lacerantes y vivos de una colectividad, que lo que puedan informarnos la historiografía o las ciencias sociales. Pablo Neruda al escribir su Canto General no sabía que ese libro iba a ser la prueba de que los pueblos que a través de él lo escribieron y que allí se mencionan, debían atravesar todavía otra “muerte general” –las grandes dictaduras y su inmensa secuela de asesinados y desaparecidos- y sobrevivir a ella. Desde los albores de la conquista un soldado español nos hablaba sin saberlo de los desaparecidos modernos. Esas obras no están en el pasado.

Porque en rigor, ninguna está en el pasado. Cuando leemos un libro lo ponemos delante de nuestros ojos, no detrás, y eso es, mi más ni menos, que abrirnos a una dimensión de nuestro porvenir. Leer es así una forma de futuro y para la poesía el futuro también puede ser un suceso que ocurrió hace quinientos o mil años. Hechos vastos y terribles como las guerras, las dictaduras o el holocausto tienen para el poema la misma intensidad que puede tener una gota de rocío sobre una hoja del

árbol del té, que una mariposa zigzagueante entre las flores o que el brillo de una lágrima que alcanza apenas a asomarse desde unos ojos cerrados. Para el poema, como para una vida, el fin de la humanidad o un nuevo nacimiento ya pueden haber ocurrido o están ocurriendo permanentemente. El combate de Ardheya y Arjuna del Mahabaratta, la destrucción de Troya, la construcción de la muralla china, la conquista de América, la independencia de la India, suceden permanentemente en nuestra existencia y en la poesía.

 

 

NICANOR PARRA

Nicanor Parra

                                               Poema recogido en “Poesía Política”

                                                Editorial Bruguera, Santiago, 1983

 

CRISTO DE ELQUI DEPLORA LA MUERTE DE PABLO NERUDA

 

Hombres como Neruda no debieran morir

es lo que yo postulo con este poema

menos aún de cáncer a la próstata

díganme Uds. quién se beneficia

con la muerte de un genio como Neruda

¿la Virtud?

¿el Progreso?

¿la Providencia?

¡puchas con la Divina Providencia!

esto es un crimen que no tiene nombre

tuvo razón el buho cuando dijo

que los hombres + bellos

son los manjares de que se nutren los dioses

el Espíritu Santo me perdone:

no comprendo

juro que no comprendo

Si no fuera x esta maldita sotana

yo me suicidaría de vergüenza

Nunca tuve el honor de estrecharle la mano

pero leí sus versos inconfundibles

es un hombre total

un luchador

que se jugó la vida x su pueblo

Cuando fue proclamado

Candidato a la Presidencia de Chile

todos de pie cantamos la Canción Nacional

y cuando le dieron el Premio Nóbel

la cantidad de gente que había en el Estadio…

Yo no recuerdo nada parecido:

 

Con ayuda o sin ayuda

triunfaremos con Neruda!

 

dejaremos de ser pobres

nacionalizando el cobre!

 

es vergüenza general

el Partido Nazi-onal

A-llen-de! A-llen-de! A-llen-de!

 

Bueno después pasó lo que pasó

Será mejor que cambiemos de tema.

Publicado 9 septiembre, 2006 por Anna en LITERATURA

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