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Manuel Fernández-Montesinos García

 Fundación Federico García-Lorca

                                

          Es un honor para la Fundación Federico García Lorca poder participar en los actos que conmemoran el centenario del nacimiento de Pablo Neruda, uno de los más tremendos e importantes poetas en lengua castellana de todos los tiempos.

Para hablar de Pablo Neruda haría falta la inspiración de la musa de fuego; a ella invoca el heraldo shakespeariano para que ilumine su relato de la batalla de San Crispín. Y la musa acudió. Y el valor que la palabra del rey Enrique V infundía en sus hombres fue recordado a través de los siglos.

También Neruda luchó como un caballero con la sola armadura de su palabra; y lo hizo a brazo partido para que la poesía lo fuese de todos y bajase a la calle como querían Alberti y García Lorca. Poesía cuya definición se plasma en un editorial de “Caballo verde la para poesía”, en cuya redacción debió intervenir Neruda: “Poesía (…) penetrada por el sudor y el humo, oliente a orina y a azucena…”, una poesía en la que cabían también “…creencias políticas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos.”

Se desecharon por intimistas y reductores a los simbolistas que desembocaron en la idea juanramoniana de la poseía pura, las “zarandajas” del arte puro que dijo Federico García Lorca. Las torres de marfil se convirtieron en atalayas desde las que otear a la humanidad toda, en su realidad del momento, en su penoso devenir histórico y en un más esperanzado futuro.

Aunque mucha de su creación poética estaba impregnada de una realidad muy concreta, era, sí, poesía de circunstancia, pero no por eso carecía de universalidad, de ser capaz de conmover a todo ser humano.

Pablo Neruda prestó su voz épica a las luchas de los indígenas en la desigual batalla contra las armaduras y los caballos, primero; contra “el agujero abrumado de sangre podrida” de las dictaduras y el colonialismo después. “Dadme la lucha, el hierro, los volcanes.”

Como “un poeta lleno de voces misteriosas”, lo había definido Federico García Lorca. Las voces que el granadino intuyó muchos años antes de que se publicase el Canto General (1950) por el cual Neruda se convirtió en la voz vibrante de la humanidad toda, la pasada, la presente y la futura. “Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.” “Hablad por mis palabras y mi sangre.”

Publicado 9 septiembre, 2006 por Anna en LITERATURA

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