El Principito (A. de Saint Exupéry) / “domesticar”   Leave a comment

¿Conocéis la historia del Príncipito?

Su autor Antoine de Saint-Exupery nos cuenta que un día el Principito estaba triste porque después de haberse hecho amigo de una rosa, de pronto descubrió muchas iguales, cuando él creía que su flor era la única de su especie en el universo.

"Me creía rico por la posesión de una flor única y resulta que no tengo más que una rosa ordinaria…"

 Desolado por el descubrimiento, el Pequeño Príncipe lloró amargamente sobre la hierva. Hasta que de pronto apareció el zorro.

 —Buenos días

 (EI Pequeño Príncipe se volvió y no veía a nadie)

 —Estoy aquí bajo el manzano.

 —¿Quién eres tú? ¡Estoy tan triste!

 —No puedo jugar contigo, no estoy domesticado.

 —Ah, perdón. ¿Qué significa domesticar?

 —Tú no eres de aquí ¿Qué buscas?

 —Busco a los hombres. ¿Qué significa domesticar?

 —Los hombres tienen una escopeta y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas y eso les hace más interesantes ¿Tu buscas gallinas?

 —No busco gallinas ¿Qué significa domesticar?

 —Es una cosa ya olvidada, significa "crear vínculos".

 —¿Crear vínculos?

 —Si, veras. Tú no eres para mi todavía más que un chico igual a otros cien mil chicos y no te necesito para nada… Tampoco tu tienes necesidad de mi y yo no soy para ti más que un zorro entre cien mil zorros semejantes. Pero si tu me domesticas entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo y yo lo seré para ti…

 —Comienzo a comprender. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado.

 —Es posible… En la tierra se ven tantas cosas… Mí vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas y todos los hombres son iguales, por consiguiente me aburro constantemente. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol y conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me harán esconder bajo la tierra, los tuyos me llamarán fuera de mi madriguera como una música. Y, además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y, por tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tu tienes los cabellos dorados, será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo que es dorado, también me hará recordarte. ¡Me gustaría mucho oír el rumor del viento entre los trigos… Por favor, domestícame!

 —Bien quisiera, pero no tengo mucho tiempo. He de buscarme amigos y conocer muchas cosas.

 —Sólo se conocen bien las cosas si las domesticas. Los hombres no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!

 —¿Qué debo hacer?

 —Debes tener mucha paciencia. Te sentarás primero un poco lejos de mí, así, en el suelo. Yo te miraré con el rabillo del ojo y tu no me dirás nada. El lenguaje es fuente de mal entendimiento. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…

 Pasó todo un día y el Pequeño Príncipe volvió a reunirse con el zorro.)

—Hubiera sido mejor que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo a las cuatro de la tarde, desde las tres yo empezaría a ser dichoso. A medida que se acercara la hora: yo me iría sintiendo cada vez más feliz. A las cuatro me sentiría agitado e inquieto, descubriendo así lo que vale la felicidad. Pero si tu vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón.

 (De esta manera el Pequeño Príncipe fue domesticando al zorro. Cuando se fue acercando la hora de la partida.)

 —¡Ay!, ¿cómo no voy a llorar?

 —Tuya es la culpa. Yo no quería hacerte mal, pero tú has querido que te domestique…

—Es verdad.

—¿Y vas a llorar?

 —¡Seguro!

 —¡No has salido ganando mucho!

 —Si he ganado. He ganado a causa del color del trigo… Vete a ver las rosas, comprenderás que la tuya es la única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré el secreto.

 (El Principito se fue a ver las rosas y mirándolas dijo):

—No sois nada, ni en nada os parecéis a mi rosa. Nadie os ha domesticado, ni vosotras habéis domesticado a nadie. Sois como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es el único en el mundo.

 (Después regresó a donde estaba el zorro.)

 —Adiós.

 —Adiós… He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos.

 Lo esencial es invisible a los ojos.

 —Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tu has perdido con ella…

 —Es el tiempo que tu has perdido con ella…

 —Los hombres han olvidado esta verdad, pero tú no debes olvidarla. Cada uno es responsable para siempre de aquello que ha domesticado. Tú eres responsable de tu rosa.

 —Yo soy responsable de mi rosa…

 

 

SAINT- EXUPÉRY, A., El Principito.


 
 
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Publicado 9 julio, 2006 por Anna en CUENTOS

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