PARA NOSOTRAS LAS MUJERES   2 comments

 
 
Simone De Beauvoir decía, que "la mujer no nace, se hace".
 
Lejos de esa vieja asociación del inconsciente
colectivo que emparenta a las mujeres con cierta
idea de "pasividad", las mujeres venimos tratando
de responder activa y denodadamente a la pregunta
eterna de "cómo ser (mujer)?",  en tanto los
hombres -Freud mediante- se vienen preguntando
detrás nuestro "qué es lo que queremos" y para el
propio Sigmund la mujer junto con la muerte eran
uno de los dos enigmas más grandes. Tal vez un
misterio tan insondable como el que se encierra
para nosotras tras la pregunta recurrente que le
hacemos a nuestro hombre cada vez que enmudece:
"amor, en qué estás pensando?" (esa pregunta que
a nuestros partenaires les gusta taaaaaaaaaanto!)
 
En este arduo, doloroso, apasionante, extenuante,
impredecible y valiente camino hacia "hacernos"
mujeres, podríamos dar cuenta de varios
sentimientos que nos vienen constituyendo
históricamente como los ingredientes de una
receta milenaria e inevitable que se repite
siempre pasando de generación en generación, a la hora de "prepararnos".
 
El primer sentimiento  es  la culpa. La heredamos desde que el mundo es
mundo
(ya desde la famosa cuestión en torno a una
manzanita…) Tanto que se caen las torres
gemelas y nosotras podemos llegar a preguntarnos
"¿habré sido yo que engordé y las hice tambalear?".
 
La culpa nace con la mujer al igual que sus
hormonas y se aprende antes de saber decir "ajó"
y "tá-tá".  Pero la culpa no es más que el
archivo adjunto de una perenne sensación de que
"nos faltan cinco para el peso", esa convicción
femenina, tan irracional como irrevocable de que
siempre estamos en falta.  Nunca alcanzamos la
nota suficiente. Siempre pudimos haber sido más,
siempre pudimos haberlo hecho mejor (ni hablar de
hacernos alguna vez  la pregunta original sobre
si realmente queríamos ser o hacer aquello).
 
Hay una falta (y no, mundo psi, no estoy pensando
en la supuesta envidia del pene) que se infiltra
dentro de las féminas como el aire. Una creencia
constante de no ser suficiente…
 
Se nos exige tanto que esta demanda se nos
internaliza, se nos hace carne desde pequeñas.  Y
luego, a cada rato, es como si tuviésemos que
rendir examen para obtener el título de una
seguridad personal que se verá siempre amenazada .
 
Crecemos con la infalible impresión de que nunca
somos o lo suficientemente atractivas, o lo
suficientemente delgadas, o lo suficientemente
buenas, o lo suficientemente talentosas, o lo
suficientemente inteligentes, o lo
suficientemente tal vez… mujeres (o al menos lo
que se entiende por ello en un mundo donde la
mayoría de los significados han sido inventados  y provistos por  hombres) .
 
Vamos dando manotazos de ahogadas buscando algún
esbozo de respuesta, un esclarecimiento a esa
pregunta que como el crucigrama del
domingo,  nunca se deja descifrar del todo
(siempre nos falta una palabra…  también). ¿Cómo ser mujer?
 
Por empezar, hay una suerte de esquizofrenia
generalizada (y hablemos solo de occidente,
porque si nos metemos con oriente, el asunto se
pone mucho peor) respecto de lo que se espera de nosotras.
 
 
Por ejemplo:  se espera que seamos atractivas y
en lo posible,  24 horas. Bien…. resulta que
algunas mujeres, de estas 24 horas trabajan 23
con lo cual, otra vez, la cosa aquí se nos
complica. Y el ser atractiva, profesional y ama
de casa (ah, sí, para los que se olviden,
esto  aun sin paga, es pega); el ser hermosa full
time con el ser una mujer ama de casa, esposa,
madre y trabajadora no es tan fácilmente
compatible.  Pero incluso antes de estas
disquisiciones: ¿qué es ser atractiva? Si me
dejase llevar por la definición más cercana al
respecto, por la que tanto yo, como cualquier
Doña Corina tiene a mano, entonces ser atractiva
es medir arriba de un metro setenta y pesar abajo
de setenta kilos, tener una pechuga importante y
algo más que invite a los hombres a darse vuelta
a nuestro paso,  carecer de celulitis y de
abdomen (mucho más de patas de gallo y/o papada)
y en lo posible preservar  carnes firmes que
contradigan la teoría de la gravedad, o sea, que
se mantengan a una altura digna.
 
La dictadura de la belleza es, como toda
dictadura, abominable.  Elitista, excluyente y
frustrante para la mayoría.  Yo me quedo con la
definición de Rodin que decía que  "la belleza
reside allí donde hay verdad."  Pero en nuestras
sociedades, lamentablemente se lee siempre a la
luz de un estereotipo cultural que se estipula en
cada época y que en ésta, es particularmente
inalcanzable, cada vez más estrecho y exquisito,
como una zanahoria que se aleja a medida que
avanzamos, hasta convertirse en espejismo. Lo que
quizás deberíamos detenernos a pensar es quién se
estará favoreciendo con la frustración de tantas
mujeres, qué negocios, qué industrias sacarán
provecho de que las mujeres nos sintamos tan
crónicamente insatisfechas y vayamos corriendo a
tratar de solucionar  el  supuesto problemita:
rellenar lo que falta, quitar lo que sobra,
agrandar eso que no sobresale y sobresaltar eso
que está, levantar lo caído, dejar caer lo que
está de más. Cambiar colores, talles, gestos,
vestuario, expresiones, pero nunca ideas.
 
 
  La otra pregunta que subyace a todo esto, la
que nos debemos todavía, sería  ¿por qué tenemos
tanta necesidad de sentirnos bellas? ¿Por qué
todavía la belleza y no otras cualidades son las
que nos constituyen, por qué ese mandato nos
atraviesa tanto? ¿Por qué todavía pareciera que
en el ser bellas se determina lo que valemos?
¿Será que las mujeres terminamos anteponiendo el
ser deseadas al ser conocidas en
profundidad?  (que sería el pasaporte para poder
ser amadas) ¿Por qué entonces invertimos más
tiempo, energía y expectativas en buscar ser
apetecibles, miradas y admiradas a que nos amen?
¿Por qué nuestra identidad se sigue definiendo
desde la mirada ajena (principalmente masculina)?
¿Por qué nos cuesta tanto vernos a través de la
propia? ¿Por qué no nos animamos a cantar, salga
como salga, aunque desafinemos, con nuestro singular color de voz?
 
El mismo "combo" de mujer atractiva trae además
un valor agregado, que hoy viene cotizando en
alza y que es esa idea de que hay que ser
"sexy".  Bien, yendo por partes, como diría Jack:
necesitamos urgente un manual básico de lo que significa ser sexy.
 
¿Qué es ser "sexy"?   Es sábado a la noche, el
momento más propicio para rendir la materia "ser
sexy", bien: ¿qué se supone que hago? ¿Me pongo
el taco aguja? ¿Me rajo la blusa hasta que el
escote pase el ombligo? ¿Me calzo aunque sea con
fórceps la micromini? ¿Me pinto los labios rojo
fuego? ¿Me pego pestañas postizas? ¿Me enfundo en
medias de red? ¿Fumo con boquilla y escupo el
humo con la boca detenida en la letra "o" en la
cara de algún caballero? ¿Me paro en la barra del
bar y tomo un martini con la mirada perdida en el
horizonte y los labios -cual modelo- siempre
entreabiertos?  (y me como después la cerecita
dejando que el jugo me chorree…) ¿O cruzo y
descruzo las piernas a lo Sharon Stone? ¿Soborno
a alguna revista para que me dejen sacarme una
foto con cara de gata en celo, semidesnuda sobre
una mesa, en cuatro patas, mirando a la cámara
con cara de "quiero tirarme al fotógrafo", para
que luego salga impresa en la portada, con una
declaración que diga debajo "soy como una fiera
salvaje" o "en la cama el  único límite es la
mesita de luz" o "a la hora de amar me convierto
en geisha" o tal vez algo más sutil como (siempre
debajo de una foto inquietante) "me reencontré
conmigo misma" o  "estoy en una búsqueda
espiritual"o "con mi nueva delantera me siento
plena".  Esto de verdad que no termino de
entenderlo pero si es como nos lo venden,  si ser
sexy es disfrazarse de femme fatale a como de
lugar (y muchas en la búsqueda desaforada por
ello,  terminan dando más pie a la risotada ajena
que aires de Greta Garbo) creo que por el
momento,  abandono la materia. Y otra vez la
pregunta: no tiene nada de malo ser sexy
(personalmente me encanta la sensualidad) pero
¿para qué o para quién queremos serlo?
 
El problema, es ese doble discurso que nos sigue
acompañando como un libro de bolsillo: enseguida
llega el mensaje esquizofrénico del que hablaba.
Se nos pide que seamos sexys, pero al mismo
tiempo ¡ojo! porque apenas se nos vaya la mano
con la consigna, correremos sin duda el riesgo de
ser juzgadas, con la misma vara, de "ligeras". Y
otra vez, perdón, pero me pierdo. ¿Qué quiere
decir que una mujer es ligera? ¿Que se viste
provocativa? ¿Que se acuesta en la primer cita?
¿Que ha besado a más de dos hombres en un mismo
mes, en una misma noche, acaso? ¿Alguna vez
alguien oyó que se hable del hombre "ligero"?
¿Alguien notó que esa nominación no existe para
lo masculino?  Nadie ha calificado ni calificará
jamás a un hombre de "ligero" aunque practique
exactamente la misma conducta que en nosotras se
ve fatal, ni ante los mismos hechos. Ante un
mismo récord, en un mismo tiempo -o inclusive en
menos- no habrá para ellos piedras ni miraditas
desaprobatorias de reojo, ni comentarios
malintencionados al oído, sino comprensión, guiño
cómplice, palmada legitimadora, felicitaciones,
secreta envidia, aplausos o una buena fama, como
para echarse a dormir por un buen rato…  Sigo
tratando de entender: ¿cuántos cafés hay que
interponer antes de acostarse con alguien si no
quiero ser tildada de "ligera"? ¿Tres, seis,
ocho? ¿¿¿Y si los tomo todos en una misma noche,
vale???  Todavía, y a pesar de la tremenda
apertura mental de las nuevas generaciones, se
oye el eco de los pasos de un prejuicio que baila
a oscuras con el inconsciente social.
 
 
Hay que ser políticamente correctas.  Pedir
siempre permiso y decir gracias. Parece difícil
imaginar una mujer muy femenina y  muy graciosa a
la vez.  Todavía a algunos les cuesta emparentar
belleza con inteligencia. El desorden en nosotras
queda más feo… enseguida se escucha una voz (
incluso de las mismas congéneres) enunciando una
duda inexplicable: ¿cómo puede tener la casa así?
¡¡¡si es una mujer!!! La radicalidad en nosotras,
se ve mal.  Las raíces crecidas, las puntas
florecidas, las uñas mal recortadas, un
centímetro de piel sin depilar, también. Es
importante que seamos suaves en todo momento, aun
cuando eso implique ser sumisas, aun cuando
estemos siendo atropelladas o acosadas en
situaciones cotidianas. Porque si mostramos las
garras para defendernos, se hablará de una
conducta "masculina" (en un hombre eso supone
"tener huevos", en nosotras, ser "agresivas" o
"marimacho"). Si gritamos o lloramos de
impotencia cuando caemos exhaustas y nos sentimos
con sobradas razones desbordadas, podemos ser
consideradas "histéricas". Se puede ser femenina,
pero no feminista… al menos si no queremos que
se nos imagine con bigotes y un garrote en la mano.
 
  Y por seguir desmitificando, ya que estamos:
tampoco es cierto que donde hay mujeres hay
pelea. Doy fe, que la envidia no es la única
relación posible entre mujeres, como a veces se
piensa. Soy testigo de lo maravilloso que suelen
ser los vínculos entre congéneres y de
innumerables muestras de afecto, de contención,
de solidaridad, de compañerismo, de apoyo, de
generosidad. Todas esas cosas, también hacen a la
relación entre nosotras (sin nombrar las charlas
femeninas que son eventos únicos y
exquisitos).  Hay palabras que solamente una
mujer puede decirte cuando la vida te canta
"jaque mate". Hay caricias que solo pueden
ubicarse en el lugar exacto del alma gracias a la
mano de otra mujer, que ya ha pasado por la misma experiencia.
 
En otro orden de cosas, cansa  ver programas de
televisión en los que la mujer hace de maceta, es
parte del decorado, de bromas sexistas, chistes
fáciles o comentarios desubicados, como si solo
fuera un pedazo de carne en exposición. También
me disgustan sinceramente las historias que
parecen ser escritas solo como pretexto de que se
muestre una teta o un poto.  El cuerpo humano en
su desnudez, qué duda cabe, es una de las cosas
más hermosas, pero la explotación del cuerpo
femenino (por un punto más de rating cualquier
cosa) es intolerable… ¿Cómo podemos explicarles
a los productores de esos programas,  que a las
mujeres no nos halagan, ni nos divierten, ni nos
dignifican, ni nos interesan?. Y aun más,
sinceramente molestan, incomodan y desgastan.
 
 
Leía el otro día  que en las mujeres está más
claro el paso de niña a mujer porque viene
marcado con sangre. Pero lo cierto, es que ese
pasaje tiene aristas más profundas y complejas.
 
El tránsito entre la rayuela y el sostén es algo
más intrincado. Ojalá fuese una simple marca de
color lo que determinase el antes y el después, pero no.
Nos crecen pechos a veces precozmente, cuando
nuestra cabeza todavía está jugando con muñecas y
soñando en cuentos de hadas. Y ahí tenemos que
salir a la calle y andar por la vida, como
extranjeras de nuestro propio cuerpo. Temblando
como gelatinas cuando las miradas se nos clavan,
halagadoras o lascivas, frente a una imagen a la
que no podemos avalar ni responder. Tenemos que
hacernos cargo prematuramente de un cuerpo de
"mina" aun cuando nuestra psicología todavía
busca la falda de una mamá para llorar.  De
improviso somos lo suficientemente grandes y
quedamos los suficiente y  hasta orgánicamente
habilitadas para ciertas cuestiones al tiempo que
seguimos gateando, andando a tientas o a los
tumbos frente a otras. Cuesta a veces más de la
cuenta "hacer pie" en la categoría de mujer, a
pesar de cualquier mancha de color que venga sin
que la llamen, a recordarnos que pariremos con dolor y todo el resto…
 
La mujer no nace, se hace, y para esto se paga un
precio, de un solo golpe, o  en cuotas.  Las
mayores víctimas de trastornos alimentarios,
tales como la bulimia y la anorexia, son mujeres
(y lo que es más alarmante: cada vez desde más jóvenes).
La mayor cantidad de casos de violencia doméstica se ejercen sobre mujeres.
La mayor cantidad de sucesos de acoso sexual,
también.  La depresión suele afectar más al
género femenino. Y se hace difícil pensar, que todo sea casual.
 
Hemos avanzado mucho, es cierto. También contamos
con la colaboración de hombres maravillosos,
sensibles,  inteligentes y solidarios, pero
todavía existen resabios de otro tiempo, que
aprietan como aquellos antiguos corset,  tratando
de moldear con mano ajena la cintura de ese
esqueleto del universo femenino, intentando que
se ajuste a una medida en la que (sin culpas ni
disculpas) no encajamos. Tal vez vaya siendo hora
de ver qué ropa queremos ponernos y cuáles son
nuestras verdaderas formas, de empezar a
celebrarlas inventándonos nuevos y únicos modelos
, para convertirnos en quienes realmente somos,
para hacernos mujeres, más felices y más plenas.

Anuncios

Publicado 27 octubre, 2005 por Anna en Sin categoría

2 Respuestas a “PARA NOSOTRAS LAS MUJERES

Suscríbete a los comentarios mediante RSS.

  1. Anna andrOmeda

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: